Travesia San Ramon -Tambor – Provincia

Travesía San Ramón – Tambor – Provincia

Eran la 7 de la mañana y mi corazón latía cada vez con más intensidad, mientras me dirigía al parque Mahuida, observando el perfil de los cerros que iba a recorrer.

Ya había terminado mi preparación física, estaba emocionalmente fortalecido, sobre hidratado, sobre alimentado y con un equipamiento ligero, para enfrentar el desafío de “Las Tres Cumbres”.

En varias oportunidades había subido el cerro Provincia y también una vez el San Ramón, ahora debía cubrir las tres cumbres en una sola jornada continua de excursión, durante un día.

Sí, partiría desde el parque Mahuida, para alcanzar el primer filo montañoso en dirección al cerro La Cruz, desde allí a la cumbre del San Ramón, para continuar por las altas cumbres pasando por el Cº Tambor hasta el Provincia, y finalmente descender hacia el Naranjo con dirección a San Carlos de Apoquindo. Serían  26 kmde treckking por terrenos agrestes, de altas pendientes, bajo el rigor de un día abrazador, a recorrer durante 17 horas según lo estimado.

A las 8:00 hrs se abrieron las puertas del Parque Mahuida y hay comenzaba este largo camino “cuesta arriba”. Ya me había despedido de M Verónica, mi inseparable compañera, quien me había llevado hasta el punto de partida, y con la esperanza de que se cumpliera lo planificado, emprendí la marcha.

Un litro de agua, dos litros de bebidas isotónicas, 5 sachets de gel energéticos y tres paquetes de galletas, componían las raciones a consumir durante la jornada. Tela adhesiva, gasa y algodón eran los elementos para atender heridas por erosión. Teléfono celular, GPS, baterías de repuesto y reloj, aportaban las comunicación y la ubicación. Linterna, gafas transparentes, encendedor electrónico, casaca cazadora y manta de aluminio me ayudarían durante el recorrido nocturno. Gorro legionario, gafas oscuras, pañuelo, camisa manga larga, short, calcetas largas y guantes me ayudarían a evitar la insolación. Un bastón y cuchillo de supervivencia serían mi resguardo y tercer punto de apoyo. Eran el conjunto de cosas consideradas como mínimas e indispensable para el logro de esta aventura.

La jornada sería larga, por lo que subir en potencia no era opción, y entrar lo antes posible en régimen aeróbico sería la clave del éxito. El slogan “No importa que, no te detengas” sería la máxima que me ayudaría a mantener el avance continuo hasta el final.

Ya en marcha, a paso lento y sostenido, veía al frente el primer filo, casi 1000m de ascenso, con una pendiente fuerte que no da tregua, para entrar en tono yo diría, teniendo presente que la cima del San Ramos está a los 3200m, dos horas me demoré, a las 10:00 hrs estaba mirando Santiago desde las alturas, la primera vista maravillosa, con un día completamente despejado. Curiosamente, sin cansancio ni fatiga muscular.

Hacia delante me esperaba el cerro La Cruz y lo que se apreciaba como un tramo parejo y plano, resulto ser bastante accidentado y con considerables cambios de pendientes. Pero recién partiendo no me iba a desanimar. Largo y extenuante, otras dos horas para llegar a ese hito intermedio.

Me recuerdo mirando el paisaje a mí alrededor y disfrutando de él, cuando un frío helado comenzó a recorrer mi cuerpo. Había elevado la vista y de fondo estaba el San Ramón, era una escena dantesca, macizo rocoso descomunal, lleno de quebradas y tan lejos que me hicieron temblar el piso. Si, debo reconocer que dudé en continuar, pero actuó la “máxima” y simplemente avance.

De ahí en adelante todo cambió, el avance se hizo lento, subiendo y bajando roqueríos, varios de ellos no exentos de riesgos, que forman un gran paso de piedras. Allí me cruce con dos colegas que venían en sentido contrario, varados en unas lajas enormes, extremadamente lisas las que no daban puntos de apoyo, con cierta incredulidad me veian avanzar por un paso lateral. Nos saludamos y conversamos un rato, cuando partí estaban sacando cuerdas para ayudarse.

No era un solo paso de rocas, eran varios y no quería continuar por las rocas, logré encontrar algunos pasos laterales, otros los vi demasiado tarde y no los pude usar.

Ya no había vuelta a tras, no desharía el camino andado, demasiada dificultad para hacerlo cansado, y así pasaron otras tres horas, para llegar a la base del San Ramos.
Allí la óptica engaña, se ve una pared casi vertical, dando pasos sobre una zona de derrames, que se deslizan al tocar. Yo diría un tramo frustrante, de mucho esfuerzo y la cumbre se mantiene allá, a lo lejos, inalcanzable.

Cuando llegue a la cima del San Ramón  “comencé a flaquear”, llevaba 8 horas de esfuerzo continuado, estaba terriblemente cansado, empeoraba la condición la aparición de un aire cordillerano helado. Me asusté, en la mitad de la nada, solo, cansado, con frío, sin calorías en el cuerpo, comencé a evaluar el plan B, alojar en el domo del San Ramón o Provincia.

El poder de la mente me impresiono, como en tan poco tiempo la mente puede entregar evaluaciones tan distintas sobre una misma condición y cambiar completamente la sensación corporal. Claro, llegué a cima en pésimas condiciones y con muy poco ánimo, pero a continuación me abrigué, me hidraté, me tomé un gel energético y me comí unas galletas, y eso fue suficiente, a los 10 minutos el cansancio desapareció, estaba lleno de energía, y con el domo a la vista comencé a caminar a paso fuerte y sostenido.

Ya estaba en las altas cumbres, pero con un atraso de una hora según lo planificado, el terreno se veía amigable, con lomajes suaves y en bajada, el paso rápido salía solo. Pero me acompañaba una extraña sensación de indefensión, miraba el sendero hacia atrás y hacia delante y entre las rocas de los lados, tratando de descubrir si habría algún gatito que pensara que yo era su almuerzo. Bueno, tomé mi cuchillo cazador y me dispuse a poder repeler un ataque por atrás, estaba claro que en ese momento ya sería demasiado tarde, pero estaba dispuesto a no ser un almuerzo barato.
No hubo gatos ni jaurías de perros, pero no solté el cuchillo ni el bastón hasta llegar al cerro Provincia.

Rápidamente las altas cumbres mostrarían su verdadera cara, detrás de los lomajes suaves se ocultaban gigantescas depresiones, que a escala humana son verdaderos cerros, los que con cada ascenso me drenaba y drenaban energía. Escuchaba voces a lo lejos, muy abajo, voces que juganban con los ecos, en medio de extraordinarias vistas, las que reconocía desde la perspectiva urbana.

Claramente, del tramo de las altas cumbres, el gran descenso para llegar a la base del Provincia, para luego volver a subirlo, es lo más agotador, pero al llegar a la tercera cumbre ya nada importa, había alcanzado un nivel aeróbico que lo que consumía lo quemaba y no experimentaba fatiga ni cansancio. Hice cumbre en el Provincia a las 19:00 hrs, 11 horas después de la partida, me faltaban las últimas tres horas para llegar a San Carlos, pero el tramo final es un bosque y recorrerlo de noche no sería grato y seguro que me perdería.

El cuerpo es maravilloso, luego de haber bajado el roquerío del Provincia me puse a correr y corrí durante dos horas, en un estado de indeferencia física increíble, a mi cuerpo le daba lo mismo caminar o correr, no había diferencia, y el cansancio desapareció, logré cruzar en penumbra el bosque hasta llegar al camino de la Conaf, allí terminó por oscurecer, encendí la linterna y caminé de noche la última media hora, visualice el portón de Conaf donde me esperaban M Verónica y Antonia, mi hija preferida (es la única entre hijos), las que con luces y gritos me daban la bienvenida.

La meta estaba cumplida, todo había salido perfecto, mi corazón lleno de orgullo y mi alma repleta de dicha por mi reina y mi princesa que me hacían compañía.